Si me dejas...

El monstruo de mi habitación está siempre al acecho.

Si me dejas, te rozaré la punta de los dedos para que me presientas...

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Imagen de Fernando Cabral en Pexels

Si me dejas


Si me dejas


Si me dejas, te rozaré la punta de los dedos para que me presientas, para escarchar tu sudor, para templar tu sangre y airear tu inexistencia.

Puede que, si me dejas abrazar tu mano entera, tu mirada alce la vista un momento y, sin pretenderlo, me veas.

Escucharé tus latidos inquietos, temerosos y sufridos, si me dejas, y, en esa cercanía, te dejaré escuchar los míos para que quizá se sincronicen y ahuyenten tu desasosiego o, al menos, acompañen tu desvelo.

Si me dejas, respiraré tu pena, como hizo aquel gigante herido durante millas infinitas, y me la tragaré por ti, aprendí a regurgitarla, no temas.

Y empujaré tus paso lluviosos empeñados en tropezar con cada otoño, que caminan sin caminar emponzoñados por el recuerdo de aquello que pudo ser, que ya no saben cómo ni a dónde, que no quieren olvidar porque creen que el olvido mata y que no merecen hacerlo, porque no saben que morir en vida no es olvidar, es sólo morir.

Si consigo robarte un beso, pondré una semilla en tus alvéolos para que tu llanto la riegue, para que se nutra con cada abrazo, para que cada suspiro la oxigene.

Si me dejas, te buscaré cada día en tu patio oxidado,  soñaré contigo nuevos lugares, te tatuaré palabras viejas, nuevas en tu pecho, te susurraré despertares que espanten tus miedos, y te regalaré anocheceres que alivien tus mañanas y...

cada noche, si me dejas, te enseñaré a abrazar mi mano.

Te hablaré de paisajes tan imperfectos que son perfectos, de dolores tan puros que sanan, de llantos tan intensos que alimentan, te hablaré de la vida, de su inmensa belleza.

Si me dejas, te cantaré mis cuentos, te arrullaré con mis nanas, y, con un lápiz en la mano, te enseñaré a pintar versos hasta que tus dedos olviden tu escuela, hasta que reescribas tu alma.

Y te cubriré entero con mi manto de piel, con mil abrazos, con mil besos... si me dejas, y te bailaré el amor hasta que vuelvas a sentir o, simplemente, hasta que vuelvas.

Cuando aquella semilla despierte y la brisa de un nuevo color deslice sus pétalos hasta tu corazón, la noche en que tu cuerpo te pida mis caricias, el día que la mañana te arranque una sonrisa y tus pasos deseen correr,

ese día me habré ido y serás libre.

No me busques, hay muchas manos frías, yo siempre estaré dentro de ti y te amaré como el primer día, ya no me necesitas porque tú me creaste, mi vida.

Sólo recuérdame y vive, siempre, vive.


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