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Imagen de JC Laurio en Pexels

Los perros también tienen emociones

Siempre he pensado que he nacido con una flor en el culo. Pero, cariño, no es todo suerte.

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Con una flor en el culo, o no...

¿Se nace con suerte? ¿crees en el destino?

con una flor en el culo


¿Cuántas veces te han dicho que tienes mucha suerte?

¿o que has nacido con una flor en el culo?


A mí unas cuantas. La verdad es que siempre he pensado que sí, que había nacido con una flor en el culo. ¿Por qué?, pues porque en mis peores momentos, y los he tenido delicados, siempre aparecía una solución. 

Parecía que el destino me guardaba una sorpresa de última hora, en esa hora en la que estás desesperada y no ves la luz. Cuando por mucho que piensas y le das vueltas, no ves una salida. Entonces, aparecía.

Y sí, he creído en el destino. O quizá era el aliento mental que le ofrecía esperanza a mi optimismo innato. Siempre que sabía que no podía hacer nada para evitar una situación que no me gustaba o me dolía, me decía a mí misma: este es mi destino temporal.

Si pasa es porque tiene que pasar, no es mi momento. O porque algo mejor me espera. Oye, algún recurso mental necesitas para superar las situaciones, y éste era el mío.

Años después empezaba a flojear un poco, ¿pero cuándo narices será mi momento?. Pero sigo creyendo en ello, en cierto modo, porque por otra parte estoy convencida de que la suerte también te la ganas. 

¿A quién o a qué le pides deseos? 

Mis rezos siempre han sido para las estrellas, supongo que porque podía verlas y eran algo concreto, aunque en realidad mis peticiones eran para el universo, allí estaba mi destino, el que deseaba poder influir con mis deseos.

Y porque, aunque racionalmente sabía que era imposible, me gustaba jugar a hacer magia, creer en cuentos imposibles y en el poder de la mente.

Ese era el momento en que me recargaba las pilas. Por la noche, sin luces, la inmensidad sobre mí. Tumbada sobre la hierba o la tierra, el espectáculo de cientos, miles de estrellas ahí arriba me relajaba y entonces sentía que me llenaba de energía.

En esa situación, me concentraba fácilmente en desear, a la vez que me abría a recibir mi mejor destino. Sí, ya sé que suena raro de narices. Pero así era y es, cuando tengo la ocasión de volver a hacerlo. Me siento más feliz.

Salvo la primera vez, siendo adolescente. No quería rezar a Dios, porque había dejado prácticamente de creer en él, y mi agnosticismo me impedía faltarle al respeto rezándole. Me parecía muy hipócrita hacerlo para hacerle peticiones. Así que elegí a las estrellas, por casualidad.

Pero a pesar de no ser creyente, mi educación cristiana me impedía ser avariciosa. Así que me hice la promesa (para que se cumplieran) de que únicamente pediría tres deseos en la vida. Como al genio de la lámpara de Aladín...

Y además, sólo uno de los deseos era para mí, al menos directamente. Los otros dos fueron, uno para mi madre, y otro para uno de nuestros perros. Maldita la hora en que me comprometí con el universo a que fueran únicamente tres.

Me los gasté en una abrir y cerrar de ojos. Eso sí, tengo que decir que los tres se cumplieron. Más adelante volví a pedir, pero nunca más me funcionó. Así que cambié de táctica. Desde entonces no pido nada concreto, sólo me abro al destino.

Ya, ya, no alucines.

Y sí, ahora vuelvo a lo de la flor en el culo.

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¿La suerte simplemente se tiene? ¿llevamos la flor en el culo o no?

El caso es que últimamente nos lo dicen a muchos. Más bien, a todos los que tenemos trabajo, a los que podemos pagar una casa, los que tenemos hijos sanos, y salud.

Y está claro que por el mundo hay verdaderos dramas, y en estos momentos terribles que está viviendo mucha gente (y que que he tenido la "suerte" de no tener que vivir de cerca), no es un tema que pretenda banalizar.

Pero, hablando entre personas sin esos dramas, en situaciones de vida aparentemente similares, este tema de la flor en el culo empieza a cansarme.

Y no es que sea una desagradecida de la vida, más bien lo contrario. Es, sencillamente, que creo que quizá parte de esa suerte no sea tal. Me explico.

Me dicen que tengo suerte porque tengo trabajo.

Sí, lo tengo. Y quizá, sólo en una pequeña parte, sea porque me he dejado la piel desde que era una cría, durante más de veinticinco años, luchando contra todos los que pensaban quizá que les iba a quitar el puesto e intentaban hacerme la cama o consideraban que no tenía estudios suficientes, desarrollando mi trabajo de la mejor manera posible. Y nunca ha sido fácil.

Antes de eso, estudié mucho y leí mucho. También soy espabilada. Así que, mi suerte ha sido demostrar mi valía, con mi dedicación, esfuerzo y trabajo durante todo ese tiempo. Y de ningún otro modo. Por tanto, yo diría que el sueldo me lo he ganado.

Está claro que la suerte es que a la empresa para la que trabajo le ha ido bien, aunque con algunos momentos duros. Pero quizá en parte, haya sido por el esfuerzo de todos los que, como yo, nos hemos dejado la piel para que así fuera.

De hecho, hablando de trabajo, en cierto momento de mi vida, tuve que buscarme la vida consiguiendo un segundo trabajo para poder pagar el alquiler de la casa donde vivía y mis gastos. O mejor dicho, la casa donde tenía mis cosas y a donde volvía agotada a dormir unas horas.

Esta fue una de esas situaciones en que encontrándome bastante desesperada, el destino y mi trabajo hicieron que llegara a mí una salida de esa situación.

Me dicen también, que tengo suerte de que mis hijos hayan salido tan bien. Que se porten tan bien y sean tan ricos. Claro, si ya sabía yo que estaba haciendo el primo todo estos años.

Por supuesto, siempre agradeceré a la vida que nacieran bien, sin ningún problema de salud o algún otro. Pero, los niños no nacen así, ni se crían solos, ¿o sí?.

Digo yo, que algo tendrá que ver el esfuerzo dedicado a su educación. Lo que enseñamos a nuestros hijos, porque es lo que queremos para ellos y también lo que debemos hacer, educarles. Cosa nada fácil.

Conseguir que esos mini ogritos tiranos, egoístas y egocéntricos vayan comprendiendo, poco a poco, que así no se va por la vida, que sus padres no somos sus esclavos, que no pueden conseguir todo lo que se les antoje y que empaticen con el dolor que provocan sus acciones en los demás.

Todo ello con amor y respeto, sin ser muy dura ni muy blanda, evitando dañar su autoestima y que no se dañen a sí mismos con sus propias emociones. Total nada, ¿verdad?. Sobretodo cuando también tienes que lidiar con otras cosas de tu vida.

Ahora ya puedes imaginarte la cara que se me queda cuando alguien me dice que tengo mucha suerte de que se porten tan bien y sean cariñosos. Sobretodo, cuando quien me lo dice también es madre.

Me dicen que tengo suerte, porque tengo salud y se me ve joven.

Está claro que sí. Algo tan importante, la suerte me ha acompañado hasta la fecha. La genética cuenta en ambas cosas y estoy agradecida por ello. Pero además de la genética, pues también hay que seguir conservando esa salud, pienso.

Y a pesar de ella, he estado a punto de morirme en dos ocasiones en mi vida. Y una apunto de partirme la espalda. Seguro que tuve suerte porque lo superé, gracias a la medicina. Hace siglos la hubiera palmado sin remedio, incluso al dar a luz.

Pero, como todo, hay que mantener esa salud. Y en ello estoy porque aún me falta. Pero seguro que el deporte que tanto practiqué, moverme mucho y comer más o menos sano, como mi madre nos acostumbró, pues digo yo que también cuentan.

Y me cuesta esfuerzo. Porque sentada en el sofá no lo consigo.

Por último, me dicen que tengo suerte, porque puedo hacer más cosas, además de trabajar y criar a mis hijos.

Hombre, no diría yo que eso sea suerte. Más bien, son ganas, inquietud, ilusión, ganas de mejorar mi vida, la de mis hijos, de mejorarme a mí misma... Y como a mi no me gusta ir de tiendas, ni ir a comprar ni lo básico, ni ver la tele preferentemente, pues probablemente utilizo el tiempo que otras personas utilizan para otras cosas. Y aún podría hacer más.

Así que, toda esa gente que no deja de decir qué suerte tienen los demás, quizá debería pensar en la que tienen ellos, que seguro que también la encuentran. Y a lo mejor, pensar también lo que deberían hacer para tener 'más suerte'.


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